La Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), en 2018, fue facultada para eximir del control horario de la jornada laboral a un porcentaje de su dotación fijado por resolución de la Dirección de Presupuesto. Así, en el transcurso de 2019, 14 personas comenzaron a teletrabajar. Esta iniciativa no solo fue pionera junto a otras instituciones públicas (INAPI, Contraloría, INE y ChileCompra) sino que también ha permitido estudiarla para generar evidencia respecto a una política de teletrabajo en el sector público. Sin embargo, el estallido de la pandemia provocada por el COVID-19 hizo que de repente toda la institución comenzara a trabajar de forma remota. Esto dio paso a una nueva realidad organizativa donde nuevas preguntas tenían su lugar y nuevas categorías de funcionarios podían ser estudiadas; trabajadores remotos excepcionales (que, por cierto, son una unidad de estudio diferente a los teletrabajadores del piloto formal de la institución). En este sentido, esta investigación exploratoria representa una buena oportunidad para investigar la comparación de los efectos y diferencias entre los teletrabajadores formales (y por lo tanto preparados antes de la pandemia) y los trabajadores remotos excepcionales (que tuvieron que improvisar y necesariamente adaptarse a la modalidad).